O incerto señor Cunqueiro

Como va tiempu que nun paso per equí, azotáu pol azar y amenáu pola necesidá, dexo equí esti documental que dirixó Antón Reixa sobre don Álvaro Cunqueiro onde salgo d’extra. Cola sida de que lu echaron esti domingu pasáu pela 2, y de que dellos amigos me dixeron que me vieran, cumplo con esta cita anque sía a la trágala y contestando, él yá me conoz per detrás de santu y seña, a Pablo Antón Marín Estrada.

La diferencia

Se arrebujaron entre las sombras de la bodega con la esperanza de pasar desapercibidos tras los sacos de trigo que el barco transportaba. El frío, la noche y la humedad se confabularon para crearles un presentimiento amargo: tal vez los descubrirían, volviéndoles a puerto; tal vez no conseguirían sorportar, aunque se mantuviesen en secreto y ocultos, los veintitrés días de travesía. Ayer eran campesinos que soñaban una vida mejor: hoy tan sólo polizones en busca de una vida nueva. Ayer tenían apellidos y lengua y costumbre y una soledad compartida en la humildad con los suyos: hoy sólo eran sombras frías tras los sacos de trigo. Sombras desposeídas de la luz que las hacía posible, sombras errantes y huidizas. Su único oficio era esconderse.

Hubo ruidos, pasos que se acercaron peligrosamente: celebraron su miedo al descubrir que una rata gorda era la luna del miedo reflejada en el estanque de su estómago. Se la comieron viva y aún la sangre de sus mordiscos en las manos sirvió de alimento. Al cuarto día de navegación se contaron. Eran veintiocho hombres teniendo cada uno por su sombra y todos, en aquel silencio hambriento, habían empezado a olvidar su lengua. Se palparon tenuemente, reconociéndose: eran los que iban, en la oscuridad, hacia la vida.

Tenían hambre y, sobre todo, sed. Con una navaja habían abierto un saco, y al décimo día otro, pero las semillas de trigo sin moler, masticadas lentamente, les daba una sed tremenda que no saciaba el hambre. Temblorosos, alguna vez se arriesgaron hacia lo que parecía una gotera y lamieron con avidez las tablas húmedas.

“Rodeados de agua. Estamos rodeados de agua y yo con tanta sed”, pensó.

A los quince días, cuando ya se dieron cuenta que era demasiado caro devolverlos a puerto, se atrevieron a salir de la sombra y esquivando muchos obstáculos subieron a cubierta. La luz, el sol, la nada: alrededor del barco sólo un vacío de miedo y de incertidumbre; pero eso, por lo menos, se parecía a la vida. Fue en cubierta donde se vieron por primera vez los ventiocho; a todos los pasajeros legales los habían vacunado en el dedo índice de la mano derecha y, para tapar la herida, les habían vendado con un pañuelo el dedo. Los polizones también se vendaron: pero en la mano izquierda, en la que podían. Temblaron de miedo, pero nadie se dio cuenta.

Los días pasaban, el sosiego era algo que siempre estaba en el tránsito de la incertidumbre y la desesperanza. Entre los ventiocho crecía el miedo: se habló de alguien a quien habían tirado por la borda una vez descubierto.

Volvieron al rincón de las sombras. No se movieron y masticaron aquellas semillas de trigo que se hicieron pan en su imaginación.

Amanceció, tocaron las sirenas. Mi bisabuelo se sorprendió de que se dijera a sí mismo en la lengua de los poderosos lo que pensaba su corazón aún aldeano:

–Eso es Buenos Aires, lo presiento.

Murió en 1971. Me dio una naranja para que recordase que el mundo era muy amplio. Había vuelto a su lengua primera, al asturiano.

­-¿Y qué te queda allí? –le pregunté.

–Lo importante no es lo que queda allí de mí, sino no lo que ha quedado de allí en mí. ¿Entiendes lo que te digo, miou nenu?

Agües mil


Ún de los poemes fundacionales de la lírica europea, The Waste Land de T. S. Eliot, escomienza con un versu bien famosu: “April is the cruellest month”. Digo qu’esti poema, xebráu en cinco partes y con 434 versos, ye fundacional porque tresforma, d’una manera radical, la interpretación que se voi faciendo, de magar se publicó en 1922, de tola poesía de tolos tiempos, europea o non. Nun s’entiende de la mesma manera La divina comedia de Dante o se percancia la poesía d’Emily Dickinson, por poner dos exemplos bien distantes, depués de dexase llevar pol significáu sonoru de la obra d’aquel que se definió como “conservador en política y anglo-americanu en relixón”; tola gran lliteratura, la que forma la base de la nuesa cultura, tien un inclín ad ovo; escribiérase cuando s’escribiera, abulta que ta ende dende siempre puesto que tien la virtú, o la máxica, d’influir cuándo nes obres pasaes, cuándo nes futures. Esta paradoxa yá la señaló Borges. Sigue leyendo

Mudanza

Uno siempre está de mudanza aunque, como yo, haya decidido quedarse bien atado a su tierra y su costumbre. Se vaya donde se vaya, uno siempre va camino de sí mismo. Si quieren, de su destino. O, si no creen en la fatalidad, como yo no creo, camino de ver en el espejo su rostro verdadero. Tardamos mucho en saber quien somos, demasiado; más preocupados por lo que podríamos haber sido, es bastante frecuente que las almas caprichosas se pierdan por el laberinto del remordimiento. Como quien tiene una muela dañada, y se complace con su lengua en indagar el tamaño de su dolor, así muchas veces nos comportamos con nuestro pasado. La punta de la lengua de nuestra memoria vuelve una y otra vez a la misma herida luminosa buscando explicaciones, tal vez coartadas, quién sabe si a veces incluso un imposible perdón.Nos olvidamos de continuo que este presente que ahora pisamos es el primer día que ha habido sobre la tierra: tan sólo hace falta mirarlo con ojos de niño para que las oportunidades cambien. La madurez quizás sea eso: caer de la burra –perdonen la odiosa expresión– y darse cuenta que es imposible transformar el pasado; mortales, nos ha sido concedido el don de la libertad. A tiempo estamos de decidir quien somos.

Es cierto que el pasado vuelve recurrentemente. En los sueños, al cruzar un semáforo, en la nota sentimental de una canción se halla a veces ese camino que lleva a ningún sitio, a los días pasados; nos pasa a todos y, las lectoras lo entenderán mejor que los lectores, ese camino si conduce a alguna revelación es porque guarda en él, olvidadas en sus márgenes estrechos, semillas de futuro. Somos fundamentalmente memoria que se quiere proyectar al futuro; quien ya no es es, aun vivo, es una pálida sombra que se espejea en las aguas del río del ayer. Sigue leyendo

Escrito al amanecer

Me he pasado la vida fantaseando sobre la niebla. El paisaje, piensa mi corazón, es eso que oculta la niebla. El paisaje, por otro lado, vale aquí por literatura, incluso por vida: no se ve a la primera el sentido oculto del poema, ése que revela la verdad interior de las cosas; el destino se descubre poco a poco y son los años lentos, como bueyes, los que aran la tierra de tu historia. Sigue leyendo

Apueste y recapitulación

Comparto, com munchos escritores, la superstición que lleva a nun falar de lo que se proxecta facer. La pergunta más incómoda que me tienen fecho ye precisamente esa: “Bien, y agora que ta acabante publicar esti llibru, ¿qué pueden esperar d’usté los llectores? ¿Qué tien agora ente manes? ¿Prepara seique una novela nueva?”. Y ún, movíu pola superstición dicha y pola sorpresa, siempre arriesga dalgo pa salir del pasu. Nun diz que nun sabe, que yá se verá o que vien galdíu –absolutamente galdíu– del trabayu que-y costó sacar alantre’l llibru qu’agora presenta. La superstición ye comprensible en mirándola de cerca: a ún carpinteru que vien de facer una siella, ¿entrúguen-y pola siella que va facer mañana? Sigue leyendo